Todo lo que juraste no hacer cuando fueras madre… y alguna propina

22 / 10 / 2015 |

Yo nunca... Que no, que si tengo hijos no van a... Chisst!!!! Mejor quedarse calladitas y paralizar el cerebro en esos momentos en los que sueltas esas perlas al ver otras familias. Que no tienes ni idea de lo que vas a acabar haciendo cuando te pases las noches en vela, cuando los peques lloren como locos o cuando estés desesperada porque no hay forma de que prueben ni un poquito de comida sólida... Todos esos "YO NUNCA" que hemos roto desde que somos madres (y más de un padre).

Maternidad, todo lo que juraste que no ibas a hacer con tus hijos

Que no que no, que yo no… Se nos llena la boca de ideas, propósitos incumplibles y cursos de educación acelerada cuando no tenemos hijos (a todos/as no, pero la mayoría, no lo vamos a negar, sí). Son muy poquitos los que no han tenido nunca en su boca o en su mente frases como “si yo tengo un hijo/a no…” “mis hijos nunca harán eso” o “yo nunca haré eso con mis hijos”. ¿Recuerdas aquellas frases de tu madre que odiabas? Ahora, piénsalo un minuto, si tienes peques de más de 6 años, ¿cuántas de esas frases, aunque sea un poco modificadas, has utilizado alguna vez?

No somos madres ni padres perfectos, eso es evidente pero, lo curioso es que el grado de autoexigencia en perfeccionismo parece mermar en proporción al número de hijos que tienes y a sus edades. Muchas veces empezamos con la mejor de las intenciones y preparaciones. Nos hemos leído todos los libros que nos han regalado sobre distintos estilos educativos y hemos googleado sobre los que nos interesan más. “Venga, manos a la obra, no va a ser fácil pero puedo conseguirlo!”, te dices pero… en el noveno mes o en el segundo año, en algún momento, todo eso que tenías tan claro “en la teoría” se cae por su propio peso y te ves a ti misma haciendo y diciendo ESO que odiabas.

Aquí te dejo algunas de las mías, puedes compartir las tuyas para que nos sintamos todas un poco más reconfortadas en el “fracaso” al que la realidad nos ha arrastrado. Sea cual sea aquella idea de la que partías, el modelo de crianza que habías escogido (o no, que a veces improvisamos un poco sobre la marcha) no pasa nada si…

1. Yo no voy a estar encima de mis hijos en el parque, les daré libertad para investigar. Jaa! Hace poco, en una charla de disciplina positiva, la docente hacía un comentario que se corresponde con la triste realidad que vemos todos los días. Vas a cualquier parque y el ratio de papás/mamás abuelos/abuelas por niño/a supera a veces los dos o tres por cabeza!! Si es que es imposible que así aprendan, resuelvan sus conflictos por sí mismos y se inventen juegos. “Uyyy, que te caes!”, “Dale eso a ese niño”, “No te subas por ahí que está mojado”.

Ahí estoy, encima de los peques cuando debería estar apartada leyendo un libro (por no decir mirar las musarañas, que también es muy sano).

Parque, foto de Paula Verde

Foto de Paula Verde

2. No voy a gritarles nunca. Nadie debería hacerlo pero… caemos. Y aquí no se trata de juzgarte, sólo faltaría!! Me veo a mí misma y me recuerdo pensando y diciendo que no, que no se me escaparán los gritos y cuando llega ese momento de crispación, de reto, sí, sí, ese momento en que la peque hace algo y me mira con cara de “Y ahora, ¿qué?” y… ahí está, el grito me sale sólo, sin posibilidad alguna de ahogarlo, ala, ya está fuera. Venga, la próxima vez no lo haré, no se me escapará… o sí?

3. No se va a meter en mi cama. Ésta sólo es válida para madres y padres que no hayan optado desde un principio por una crianza con apego y respetuosa. Ahí, sí, lo tienes claro desde el principio, pero lo triste es autoconvencerte de que no quieres que tus hijos duerman contigo y acabar compartiendo el trocito de colchón que te queda con el trocito de edredón con el que te dejan taparte. Quizás es mejor rendirse a la evidencia en esos casos y comprar una cama de tamaño king size.

4. Claro que me van a cambiar la vida, pero sólo un poco. Esta es una cuestión de adaptación mutua y, como en casi todo… depende. Hay veces que ese período de adaptación dura unos meses, unos años o casos en los que las madres y padres acaban tirando la toalla, pierden por completo el contacto con sus antiguas amistades, renuncian a volver a salir después de las 20.00 hasta que los peques cumplen 14 años y del gimnasio tan sólo mantienen vagos recuerdos de tiempos antediluvianos.

No sé por ahí, por aquí hemos conseguido volver al gimnasio de vez en cuando, retirarnos después de las diez cuando los días son largos, ir a Festivales y trasnochar con los peques dormidos en su silla o en la mochila y hasta tomar cafés o cañas con amigos de vez en cuando. Creo que no está mal de todo pero, su tiempo ha llevado conseguirlo!!!!

5. Las nuevas tecnologías. Este tema merece un capítulo aparte que sería muy largo de explicar pero, baste decir que muy pocas madres, muy pocos padres han podido abstraerse a estas alturas del poder hipnótico que una tablet o un smartphone tienen para un peque. Sin emitir ningún tipo de juicio, yo he llegado a ver a bebés de menos de 8/9 meses en su sillita enarbolando una tablet como si de un sonajero se tratase. Repito, no juzgo, la desesperación a veces es muy poderosa.

6. Mis hijos comerán sano. Ummm, a ver, hay que empezar por uno mismo/a. ¿Tú comes sano? Vale, no hablo de la cena de Navidad, ¿habitualmente comes sano? Si lo haces realmente, será más fácil que lo consigas con tu peque. En mi caso, en la casa #delrevés si tenemos una dieta equilibrada pero, ayyyy, nos pierden los dulces y, claro, si de vez en cuando ven que mamá o papá comen galletas con chocolate, pues acaban pidiendo galletas con chocolate!! Cae de cajón!!

7. A ver si voy a tener que ir yo... Hay un monólogo del gran Luis Piedrahita en el que clava palabra por palabra la situación. Ese momento en que el niño o la niña, el adolescente o la adolescente busca (a veces con pocas ganas, no nos vamos a engañar) los calcetines, la libreta o su camiseta preferida que no aparece. Se entabla un diálogo madre-hija/o que acaba con un “A ver si voy a tener que ir yo…!”

Pero lo peor de todo es que, VAS Y APARECE!!! Ni tú misma sabías que tenías poderes y resulta que con el paso de los años te has ido autodotando de ese sexto sentido que es capaz de encontrarlo todo o, como diría Piedrahita, sea lo que sea lo que buscas “se acojona y aparece!!!”

8. Dejo para el final mi favorito, esas frases “de madre” que a veces nos reinventamos y adaptamos por completo pero que acabamos soltando de una forma u otra. Clásicos universales como “Bébete el zumo que se van las vitaminas”, “que sea la última vez”, “¿Te crees que soy el Banco de España?” (que digo yo que ésta mejor actualizarla, que ya no está en su mejor momento la entidad) o mis favoritas, esas en las que para decir que no a algo simplemente le cambias el género “ni caramelo, ni caramela”, “ni moto, ni mota”. Si ya digo yo que al final vamos a tener superpoderes porque mirar que negar algo cambiándole el género, ni Bill Gates, oigan!.

¿Que cuál es la conclusión? Pues cada uno/a que saque las suyas. Yo lo tengo claro, lo mejor es no intentar crearse expectativas de ningún tipo ni marcarse unos objetivos demasiado elevados. Con sobrevivir lo más felizmente que podamos me doy por satisfecha.

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