Los niños del “ahora” y “aquí”

27 / 3 / 2017 |

Niños con estrés, los hijos de los "megusta", las nuevas generaciones han sido "bendecidas" con toda una serie de comodidades que ponen el mundo en sus manos. La generación del "ahora" y el "aquí", una de las mejor "conectadas" de la historia, corre el riesgo de acabar totalemente desconectada de lo que realmente importa si no paramos el mundo un momento y nos/les permitimos disfrutar del poder de las esperas, del aburrimiento y la naturaleza.

El placer de aburrirse, vivir con menos estímulos

Era un día de principios de marzo, una tarde cualquiera cuando el peque del revés me espetó: “Mami, voy a escribirle la carta a los Reyes Magos”. Me saltaron todas las señales de alarma. “¿Cómo, cariño? ¿Ya? Si aún faltan nueve meses y ni has soplado las velas de este año!! Supe que tenía que escribir este post que tenía en la cabeza desde hacía tiempo. Porque están condenados desde su nacimiento sin comerlo ni beberlo, sin siquiera haberlo pedido ni saber muy bien lo que está sucediendo. Los/as niños/as de las últimas generaciones son los niños del “ahora” y “aquí”. Vivimos en la sociedad del estímulo constante, de la satisfacción constante, de la prisa constante. Lo queremos todo para ayer, nos preparamos las vacaciones en enero, compramos los abrigos en agosto, adquirimos objetos por impulsos y no somos capaces de soportar que nuestros hijos se aburran durante veinte minutos. ¡Pobres niños, dónde vamos a parar, llevémosles todo nuestro arsenal de aparatos electrónicos, juguetes, libretas y pinturas para llenar ese espacio!

Tenemos miedo de perder el tren, de perder todas esas oportunidades que la sociedad de la hipercomunicación nos depara y, ofuscados por ese miedo perdemos, por el camino, capacidades que son mucho más valiosas que las que ansiamos. Corremos sin saber muy bien a dónde vamos y arrastramos en esa carrera absurda a nuestros hijos. Párate un segundo a mirar detrás de ti, ahí está, justo pegado a la estela que dejas en tu carrera.

No soy psicóloga, ni coach, ni psicopedagoga, ni tan siquiera maestra. Soy mucho menos y mucho más que eso, apenas una madre diversa que se ha visto obligada a ser educadora, enfermera, psicóloga, logopeda, jugadora de fútbol y hasta inventora. Y en estos años de aprendiz de todo me ha dado por observar un poco. Observar a madres angustiadas por no saber cómo reaccionar de manera inmediata ante la rabieta de su hijo, padres que se muestran totalmente perdidos por no tener una respuesta a una pregunta o una solución a una situación en un momento determinado. ¿Por qué?

Necesitamos tener respuestas para todo, necesitamos ser reafirmados con una ovación, un “megusta”, una pegatina con una carita sonriente. Y si no es así… nos sentimos perdidos y trasladamos ese sentimiento y ese ansia a nuestros/as hijos/as a diario. Sin pretenderlo, sin pensarlo, sin ni siquiera ser conscientes de lo que hacemos mal, pero lo hacemos.

El placer de aburrirse, vivir con menos estímulos

Peque del revés desconectando en 3, 2, 1…

¿Y qué pasaba con el peque del revés? ¿Ya se había aburrido de los regalos de Reyes de este año? La respuesta es sí y no. No porque te aseguro que sigue jugando con ellos casi a diario y sí porque en su mente de niño del siglo XXI, veloz cual megabite, el ansia es superior a cualquier otra sensación.

Nuestros/as niños/as son los hijos de los “megusta”, de un mundo en el que te puedes descargar cualquier película que te guste y disfrutarla en cualquier rincón del planeta, de una sociedad en la que todo lo tienes a un golpe de click (todo lo que menos importa) y en la que mamá y papá siempre van a estar ahí para sacarte las castañas del fuego.

Las buenas noticias es que aún estamos a tiempo. No somos un caso perdido y mucho menos nuestros/as hijos/as. Párate un momento, tómatelo en serio. Tan sólo necesitas:

  • Reaprender a esperar. Difícil, lo sé, pero muy necesario para conseguir reducir el nivel de estrés propio y el de nuestros hijos en el futuro. Cuando son muy pequeños no tienen conciencia clara del paso del tiempo, así que siempre puedes utilizar fórmulas alternativas para explicárselo como, “Para ir al parque tenemos que esperar hasta después de que llegue mamá de trabajar” o “iremos a comer después de hacer esta compra”. De lo que se trata es de que, tanto tú como ellos, os percatéis de que hay un más allá del “ahora” y que el proceso nunca debe ser acelerado.
  • Retomemos el contacto con la naturaleza. Puede ser complicado en función de la agenda y de donde viváis, pero también es imprescindible para conseguir retomar un ritmo de vida más pausado. Un fin de semana o una tarde en el campo pueden hacer milagros. Si tienes o has tenido aldea o pueblo sabrás de lo que te hablo. De esas tardes en las que lo único que hay que hacer es ir a tirar piedras al río, de observar el tiempo pasar desde la barrera, una de las mejores actividades para reaprender a estar en el mundo.
peque del revés en el campo

La peque del revés disfruta mucho del contacto con la naturaleza

  • Despídete de tu smartphone. ¿Recuerdas cuando los teléfonos eran sólo teléfonos? Si acaso algún sms de vez en cuando para dar un aviso. Piensa en lo que hemos perdido por el camino desde aquel momento y reflexiona conmigo un minuto. ¿Se va a acabar el mundo si desconectas los datos del móvil durante unas horas al día? Te propongo que pruebes en fin de semana o a partir de una determinada hora de la tarde-noche. Piensa en que eso es recuperar tiempo que has ido cediendo a las redes sociales y al trabajo para emplearlo en ti y en los tuyos. Así les demuestras que te importan mucho más que cualquier tweet o foto de Instagram.
  • Recupera las actividades manuales. Y no, no hablo de programar una tarde llena de actividades con pompones, cartulina, limpiapipas y gomets que has investigado en Pinterest, no. Hablo de cocinar en familia, de cuidar del jardín, de pintar con los dedos, de construír una cabañita en el bosque… Y si no os apetece nada de esto y tampoco os queda el campo muy a mano, por qué no un safari fotográfico por la ciudad o simplemente un paseo sin ningún objetivo. No hay nada mejor para resituarnos en este planeta que TOCAR.
  • El aburrimiento revolucionará el mundo. Muy relacionado con lo anterior, un tema al que ya le dediqué un post en su momento. Y es que del aburrimiento pueden surgir las grandes pasiones de la vida. No hay mejor ingrediente para potenciar la imaginación y la autonomía de tus hijos/as que permitirles que se aburran sin correr al rescate con cinco juguetes en diez minutos.
  • Aprende a decir NO o, como mínimo, “ahora NO”, “vamos a negociarlo”. Porque muchas de las cosas que te pide tu hijo/a o de las propuestas que te lanza  son viables, sí, pero concediéndolas sin más, el perjuicio es muy superior al beneficio inferido. Porque sí, vale, tienes el dinero suficiente para tener una portería de fútbol, una canasta de baloncesto, la última videoconsola o, simplemente, esa chuche que tanto le apetece para merendar.
  • Un NO a tiempo puede salvar vidas.

    Para investigar y reflexionar un poco más te invito a pasarte por el blog de Noelia López Cheda. Seguro que te gusta lo que encuentras por allí. Además esta semana dará una charla en el cole Compañía de María.

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