Libros infantiles, agitar antes de usar

6 / 2 / 2020 |

Donde dije digo, digo Diego. Repienso, reviso, replanteo lo ya planteado y llego a sitios nuevos. Hoy os traigo una pequeña advertencia, no me la toméis a mal. Y es que, si vais buscando un libro para trabajar los miedos, la ira, la solidaridad o quizás la empatía, quizás necesites agitarlo antes de usar.

  • ¿Podría, por favor, ponerme cuarto y mitad de empatía, una pizca de autonomía, unas gotitas de generosidad y compañerismo y, si le queda por ahí, algo de responsabilidad? ¡Ah y que no se me olvide la lucha contra la frustración y los miedos infantiles!
  • ¡Cómo no, señora, faltaría más! Tenemos en oferta también la igualdad y la creatividad, pero además, en aquella esquina se encontrará una promoción irresistible, si todavía tienen bebés en casa: un 2×1 en la retirada del pañal. Yo, en su lugar, no la dejaría escapar.
  • ¡Uy, creo que hoy voy a volver con las bolsas bien cargaditas a casa!

¿Te imaginas entrar en una tienda y presenciar una escena así? Pues abre los ojos y vamos al lío porque estamos a dos pasos y medio de que la realidad SE COMA a la ficción a bocados y acabemos protagonizando escenas como esta en busca de la fórmula perfecta para GESTIONAR nuestra vida. ¡Que no cunda el pánico! Todavía estamos a tiempo de evitarlo.

Nace tu hijo/a y, ¡vaya! Tal y como te temías, no trae manual de instrucciones. Buscas ideas, consejos, preguntas a pediatras, entras en redes sociales, llamas a tus amigas. Necesitas respuestas, o eso crees, cuando, en realidad, a veces, la única forma de hacerlo es planteándote nuevas preguntas pero, ¿quién busca más complicaciones cuando lleva dos años sin dormir?

Y como los problemas no dejan de retroalimentarse, seguimos llamando a todas las puertas que encontramos en nuestro camino. Y, por supuesto, con un niño/a de la mano, nos vamos a encontrar en ese sendero, inevitablemente, con juguetes, juegos y libros. Llegan en ese momento las consabidas preguntas, a veces, desesperadas, otras veces, un poco despistadas y, cuando ya pasa el tiempo, en muchas ocasiones, totalmente desenfocadas. Es el momento de las “fórmulas”, de lo que yo he acabado llamando “recetas”.

Libros de SM en la casa del revés

Volviendo a la disparatada escena inicial, ¿os imagináis ir al pediatra a hacerle peticiones de este tipo?: “Es que no me duerme por las noches, deme un libro para conseguirlo” o “¿Cómo hago para que deje el chupete? ¿Qué libro le puedo comprar?”

Armadas con las correspondientes recetas, madres, padres y educadores de todo el mundo acudirían en busca del pronto remedio a sus cuitas… Pero, tengan cuidado, porque en la receta no lo pone pero con estos remedios es importante agitar antes de usar.

Ahora abrid los ojos y reubicad esas mismas frases en otro contexto: una librería, una biblioteca, o un grupo de amig@s con hijos… ¿A que ya no os resulta tan extraño?

Buscamos las fórmulas, las soluciones inmediatas, los conjuros que ni en Hogwarts serán capaces de diseñar, queridas y queridos. Lo hacemos así por motivos variados, porque tenemos prisa, ansia, tenemos una necesidad que cubrir y, simplemente, tratamos de echar mano a cualquier herramienta que tengamos a mano sin mediar otras consideraciones. Es humano.

A estas alturas, ya habrá quien esté pensando: ¿cuál es el problema? Ninguno, o todos, depende, como en casi en todo en esta vida.

Vamos a pensar un momento, así recupero práctica, que se me acaba oxidando la materia gris. ¿Qué nos interesa cuando vamos a elegir un libro para nuestr@s hij@s? ¿Qué criterios tenemos en cuenta? ¿Su utilidad? ¿Sus supuestas bondades aplicadas a problemas o situaciones concretas que tenemos que resolver? (o, mejor dicho, que ellos/as tienen que resolver)… O quizás, nos fijamos primero en que la historia nos enamore (o, mejor dicho, les enamore), en la calidad de las ilustraciones, en el mundo en el que nos sumerge… En definitiva, ¿y si nos fijamos más en las preguntas que nos hace, que en las respuestas que nos da? En ese misterio que nos llega y que nos sitúa en el mundo.

Sé que lo que escribo hoy no va a ser especialmente popular en algunos círculos porque es incómodo y lo incómodo no nos facilita la vida, una vida ya de por sí demasiado complicada, ¿no? Pero, resulta también que lo incómodo es NECESARIO. Nadie ha dicho tampoco (bueeeeno, hay algunos enérgumenos que a veces te hacen creer eso, pero vamos, ni caso) que criar hijos fuese cómodo ni fácil, pero, hay millones de personas en el mundo para las que sigue mereciendo la pena.

Voy a tratar de esbozar apenas un par de argumentos para que os sigáis haciendo algunas preguntas y, de paso, seguir haciéndomelas yo misma:

  • Es que no lee nada, no quiere leer, no le gusta, no le interesa… Yo no sé… ¿qué puedo hacer?…

¿Te suena la frase? Suele aparecer en algún momento de la niñez y/o la adolescencia, entre los 8 y 16 años. No son cuestiones que tengan una única respuesta, desde luego. El proceso que lleva a que un niño/a o adolescente sea lector sobradamente capacitado son variadas. Pero hay una que, con frecuencia, solemos obviar (quien no tenga nada que decir que tire la primera piedra).

Vamos a pensar de nuevo en ese momento en el que estamos pidiendo o seleccionando el libro, ¿realmente tenemos en cuenta su criterio, los gustos o intereses de los niños? Y lanzo aún una pregunta más, que hoy la cosa va de eso, ¿cómo pretendemos que se forjen un criterio propio o que corran a diario a la estantería de los libros si les hemos dicho lo que tenían que leer durante sus primeros 6, 7, 8, 9 ó 10 años de vida?

Entre el acompañamiento, la oferta de nuevos horizontes lectores, las propuestas enriquecidas, la imposición y el, simplemente, dejarles completamente solos ante el libro (craso error también) hay un margen que podemos recorrer si nos lo proponemos.

  • ¿Por qué se fragmenta, se homogeneiza, se encarrila, se achata? Porque, para vender más, el mercado necesita fragmentar, homogeneizar, encarrilar y achatar. (…) La exigencia de novedad es devoradora. Para satisfacerla la industria crea nuevos segmentos: libros para neonatos, para niños que están aprendiendo a nadar, para anoréxicas, para recién divorciadas, para aficionados a las ciencias ocultas, a la pesca, al petit point, a las orquídeas. La segmentación hace ilusión de variedad y de novedad, pero en verdad repite.
    (…)
    Los buenos libros nuevos no logran hacerse notar en el maremágnum de las ofertas. Arrastrados por el flujo y reflujo que marca cada mes el ascenso y caída de los servicios, no están en condiciones de defender su espacio frente a los segmentos ni frente a los best sellers”.

Graciela Montes, “Buscar indicios. Construir sentido”.

Estaba buscando las palabras para exponer mi segundo argumento y he tenido que cogérselas prestadas a la enorme Graciela Montes. Esta bonaerense, autora de libros infantiles, multipremiada (y los que se merece todavía) tiene también publicadas algunas de las reflexiones más enriquecedoras sobre la literatura en general y la letras infantiles, en particular.

  • Y todavía una tercera pregunta. Entonces, ¿los libros no son una herramienta educativa? ¿no acompañan la evolución de los niños? ¿no son parte de su educación? ¿los educadores y educadoras deben alejarlos de las aulas?

Por supuesto que lo son también y negarlo no va a ayudarnos tampoco en nada, ni a ellos. Como decía Alicia, al fin y al cabo “todo tiene una moraleja. Sólo falta el saber encontrarla”. Y siendo como somos los adultos, quienes escribimos, dibujamos, diseñamos y editamos esos libros, siempre habrá en mayor o menor medida, un mensaje, un camino, una propuesta que permita abrir nuevas puertas. Eso, sin olvidar los maravillosos álbumes informativos que miles de niños devoran por el mero placer de perderse entre sus hojas.

El problema viene cuando los adultos SÓLO VEMOS LOS LIBROS BAJO ESE PRISMA, BAJO LA ETIQUETA, cuando pensamos en la receta, cuando nos olvidamos del misterio, de la chispa, de buscar los monstruos de la isla a la que llegamos desde nuestro cuarto.

Libros, @PaulaVerde
La buena noticia es que se publica mucho. La mala noticia es que se publica mucho. Entre todos esos libros que has encontrado o buscado, de hecho, seguramente, habrás pasado por muchas maravillosas experiencias. Al fin y al cabo, como decía Cortázar “en literatura no hay buenos temas ni malos temas: solamente hay un buen o mal tratamiento del tema”.

Por eso sí hay buenos libros que, de alguna manera nos hablan de todos esos temas que nos preocupan, de esas preguntas que nos rondan el alma. Muchos, muchísimos de ellos están escondidos, dispuestos a ser descubiertos justo en el momento en el que no acudes a buscarlos con la receta. Cuando buscas las preguntas y no las respuestas.

Por eso, a partir de ahora, renuevo mi compromiso de colaborar en esta tarea indómita. Porque los buenos libros, haberlos, hailos. Sólo tenemos que proponernos, de verdad, encontrarlos.

Una última recomendación, si no lo has leído, pásate por el blog de anatarambana y léete, entre otras muchas cosas, esta maravilla.

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