Las nuevas redes de apoyo de la maternidad

25 / 1 / 2018 |

Uno de los momentos más intensos de tu vida es el que vivirás más sola. Los primeros meses e incluso años de tu hijo serán demoledores y buscarás una red de apoyo en la que sostenerte. Hoy analizo cómo ha cambiado la maternidad en las últimas décadas y cómo hemos empezado a construir redes alternativas a las que han ido deshaciéndose en pleno siglo XXI.

maternidad

Existen momentos en nuestra vida que transcurren ante nuestros ojos a la misma velocidad que la que un perezoso desarrolla al tratar de estirarse. Los días son largos, las horas son eternas y nunca pensamos que un minuto podría durar 60 siglos. Esos años o meses que a nuestros ojos son eternos siempre están protagonizados por novedades continuas: los continuos cambios de la adolescencia, los años universitarios, los años en que nos decidimos a formar una familia o a emprender un negocio y, por supuesto, en el top ten de “aquellos maravillosos años eternos” están aquellos en los que nacen nuestros hijos.

En el podio de las experiencias intensas se lleva todas las medallas. Sin dudarlo, Excepcionalmente en el caso del primer hijo/a. Desde que el positivo aparece en el predictor o en la app que te has descargado en tu moderno smartphone hasta que tu niño/a va al cole por primera vez pasan unos tres años que en tu haber vital han quedado grabados a fuego como si fuesen 30 ó 40.

Y en todos y cada uno de esos años, en todos y cada uno de esos meses y días SIEMPRE. Preguntas. Una tras otra. DUDAS. Nunca dejas de dudar. ¿Estará bien? ¡No le oigo respirar! ¡Nunca había visto una caca así, seguro que es diarrea! ¿Por qué no se consigue dar a vuelta? Me han dicho que las clases de estimulación son fantásticas, ¿nos apuntaremos?

Una tras otra, día tras día. En un proceso vital del que lo desconoces ABSOLUTAMENTE TODO, tu cerebro no puede dejar de disparar preguntas como si se tratase de la más sofisticada metralleta de disparo automático. Pero, ¿a quién le hacemos esas preguntas? ¿Quién nos acompaña, nos ayuda, nos abraza, nos dice que todo va a estar bien aunque no tenga siempre esa certeza?

La soledad de la maternidad, ese temazo. Temazo del que habla Diana Oliver en su artículo para De mamás y papás del País, y en el que cita a otro bloguero al que sigo y admiro, Sem, diseñador y autor de Y yo con estas barbas. Leerles me ha hecho recordar y reflexionar sobre las maternidades que he vivido y aquellas que nos rodean ahora mismo.

Cuenta mi madre que en su familia de doce hermanos no había lugar para la soledad, la ansiedad ni el desorden. Los hermanos mayores se responsabilizaban de los menores y de las labores de la casa a medida que iban creciendo. Cuenta mi madre y la tía de mi padre (mis abuelos ya han fallecido) que en aquel entonces, las madres que tenían posibilidades económicas, enviaban a sus hijos a un ama de cría para seguir trabajando. Las que no las tenían criaban, lavaban y trabajaban en el campo o ayudando a “señoritos”.

Maternidad

Las formas de vivir la maternidad han cambiado radicalmente en los últimos sesenta años

Pero fuese como fuese, esas madres, esas familias, hacían tribu. En aquel momento en Galicia, como en muchos otros lugares, de hecho, no importaba tanto tu nombre, como el apodo “alcume” de tu clan familiar. Tu identidad personal se veía en cierta manera absorbida por el poder del clan: “chiquiláns” “os do rego” “os tombos”, “os chatos”…

Unas décadas después llegué yo, mis hermanas y las generaciones de la democracia. En las ciudades a las que se habían trasladado muchas de aquellas familias todavía se conservaba el espíritu de la tribu, aunque en menor medida. Mi prima comía en mi casa a diario. Cuando mi madre tenía algún tipo de labor que hacer fuera de casa nos quedábamos con alguna vecina que nos malcriaba bien a gusto.

En menos de 20 años el modelo empezó a cambiar. Las madres a las que conocí en mi adolescencia todavía machacaban a su madre a llamadas telefónicas, se instalaban en su casa en los primeros meses de maternidad o se rodeaban de una red de apoyo.

Cuando mi primera hija llegó al mundo el cambio en el modelo ya estaba aquí.

Si tienes una duda sobre la temperatura de tu bebé, ¿qué es lo primero que haces? ¿llamas al timbre de la vecina de al lado o googleas? Si te parece que pasa algo con los dientes de tu peque, esos que no acaban de salirle, ¿llamas a tu madre o entras en redes sociales y buscas un grupo de información?

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Buscamos en internet el apoyo que necesitamos

Vivimos en una sociedad hiperconectada que nos ha dejado totalmente aislados, huérfanos de abrazos y apoyo moral. El descenso en el índice de natalidad y los nuevo hábitos laborales nos han restado referentes y conocimiento sobre la crianza y nos han alejado en muchos casos de nuestra familia.

Cada vez estamos más huérfanos de referentes cercanos en la crianza y más lejos de nuestros seres queridos. Nos mudamos en busca de trabajo, o por demanda de nuestros jefes, o simplemente porque nos hemos enamorado de ese chico que conocimos en redes sociales hace tres años.

Y en ese pequeño océano llega el postparto, llega el bebé con su maleta de dudas. Y sólo tenemos 16 semanas para empezar a disipar las más importantes. Digamos, aquellas que implican que consigamos “sobrevivir” y que marcan de manera determinante la vida de nuestros bebés. Esas 16 semanas absolutamente insuficientes a ojos de cualquiera que haya tenido hijos (empiezo a creer que los presidentes del gobierno que ha tenido este país tienen hijos de mentira o algo así, de hecho).

Y en ese océano que ya se ha embravecido acaban produciéndose fenómenos como el ocasionado por Samantha Villar y sus afirmaciones sobre la maternidad. Porque el postparto arrasa literalmente con todo: horas de sueño, apetito, nervios, dolores corporales que no sabías que existían…

Pero no todo está perdido.

Las redes digitales

Los blogs de maternidad han surgido con fuerza en medio de este nuevo panorama. Como red de apoyo virtual, como nueva Larousse emocional en el que madres y padres de todo el mundo tratan de aportar, apoyar, aportar su experiencia personal para tratar de disipar alguno de esos abismos.

Los grupos de apoyo en facebook se multiplican cada semana. Crianza, lactancia, educación, alimentación complementaria, cocina… Puedes encontrar un grupo casi para cualquier duda que pueda surgir en tu cabeza. Opiniones, ideas, nombres de especialistas… La información (más o menos contrastada) está servida.

En el libro “Madres en red” de Mariona Visa y Cira Crespo se analiza el fenómeno de la blogosfera maternal en nuestro país en las últimas décadas desde un punto de vista analítico y que aporta unas cuantas claves sobre por qué y cómo ha surgido todo esto. Al respecto yo sólo puedo decir que la comunidad de Madresfera ha sido clave para mí en los últimos años y que he compartido tantas cosas con bloggers de maternidad en estos últimos dos años y medio que ya las siento como amigas íntimas con las que se han creado auténticos vínculos afectivos.

Maternidad, tribu

Necesitamos el apoyo físico y psicológico de una tribu, un clan

Pero, ¿y qué sucede con el apoyo emocional y el cariño en el que caso de quien permanezca fuera o un tanto al margen del fenómeno blogosfera? ¿En qué hombro llorarán? y el cariño? Incluso en el caso de existir una pareja, no siempre sabe entender tus dudas o tus desazones. ¿A quién acudes entonces en medio del temporal?

En muchas ciudades se han empezado a contruir nuevas tribus: grupos de apoyo a la lactancia, grupos de crianza, grupos de juego… Un lugar en el que las madres (y padres en muchas ocasiones) se sienten comprendidos y apoyados. Al fin y al cabo, una de las principales ansias del ser humano es “ser parte”. Ver que no estás sola en medio de tu locura absurda y que otras pasan por el mismo dilema. Comprobar que todo eso que ha cambiado de forma radical en tu vida es sólo un capítulo más de la historia de muchas familias que han conseguido sobrevivir.

Auguro un largo futuro a estas nuevas tribus que se van creando poquito a poco en torno a las aventuras y desventuras de la maternidad.

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  • yyoconestasbarbas

    ¡¡Gracias por la mención, preciosa!! Poco a poco, y a nuestra manera, pero parece que la idea de “tribu” vuelve a salir de debajo del suelo… Aunque sea, por pura necesidad. 😉

    • Los conceptos “necesarios” siempre vuelven. Son como la energía, que no se destruye, sólo se transforma 🙂

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