Hospitales con alma

17 / 7 / 2019 |

Los pasillos de los hospitales son lugares llenos de vida, habitados por personas maravillosas que hacen de las consultas, los quirófanos y las plantas de ingreso. Llenos de seres humanos que, desde uno y otro lado, tratan de sobrevivir felizmente. Te los presento.

Pasillo de un hospital

Los pasillos de los hospitales pueden ser lugares muy tristes, o al menos parecerlo. Recorrer sus esquinas, pasar las mañanas en sus consultas o las tardes en sus habitaciones no es un planazo de verano, incluso no lo es en invierno, ¿verdad? Pero para aquellos seres humanos que hemos tenido que invertir semanas, meses, incluso años de nuestro tiempo en esos espacios, hay una segunda lectura que no puede pasar desapercibida.

Y es que esos espacios son HABITADOS a diario por miles de seres humanos extraordinarios que los dotan de vida, humanidad y esperanza.

Esta semana nos tocaban pruebas médicas (unas más exitosas que otras) y, de su mano, las consabidas esperas y paseos por esos pasillos. Decidí aprovechar uno de esos momentos para ir a visitar a algunas de esas personas que habitan nuestros hospitales.

Electroenfecelograma

Equipos humanos como el de las salas de electroencefalogramas que frecuentamos desde hace 9 años. Esas salas en las que tant@s niñ@s han dormido siestas forzosas tras horas de insomnio forzoso. Para l@s que no estéis familiarizad@s con el trámite, los peques tienen que dormirse o, al menos, cerrar los ojos tranquilamente durante un ratito para que la prueba sea exitosa. Eso, en muchos casos, presupone despertarlos a las 5 ó 6 de la mañana y llegar a esas salas con pequeñ@s enfadad@s, desorientad@s y somnolient@s, con ganas de lanzar a la papelera a esa mujer que intenta colocarle un molesto gorro apretado y de llenar su cabeza con un frío y pegajoso gel. Y, después de todo esto, conseguir que se duerman puedo aseguraros que es una tarea que requiere, como mínimo, de una cierta colaboración y una buena dosis de sonrisas.

Que ese equipo siga recordando años después a mi hija, sus peculiaridades y sus manías, siga siendo capaz de cogerla y acariciarla con cariño, de bromear como si la visita a esas salas fuese un paseo por una sala de juegos dice mucho de su calidad humana y profesional.

Equipos también como el de la UCI pediátrica, en la que HABITÉ tantas horas. Siempre activos, siempre profesionales, siempre dispuest@s. Confieso que me sorprendía su cháchara continua. Me resultaba chocante escuchar sus conversaciones sobre la boda a la que iban a ir aquel fin de semana o sobre sus planes para vacaciones. Entonces fue cuando me di cuenta de que lo que hoy os estoy contando. La UCI, el hospital al completo no deja de ser un espacio que debe ser habitado en todas las dimensiones vitales posibles.

Digo esto porque, con el paso de los días, aquellos planes, aquella conversación llegó a ayudarme a que me olvidase un poco de lo que estaba pensando. La vida abriéndose paso en sus múltiples formas. Como cuando estás muy deprimida o ansiosa y tus amigas no dejan de entretenerte con conversaciones irrelevantes para que te olvides de eso que te reconcome.

Recuerdo que un día le pregunté a la que era en aquel momento responsable del servicio si no era realmente duro trabajar en la UCI pediátrica. Ver a diario a todos aquellos niños y niñas sufriendo, enferm@s, en algunos casos al borde de la muerte o de un camino lleno de nuevos escollos. Ella me miró y me respondió con un clarísimo “NO. La UCI pediátrica puede ser dura, pero la verdad es que son niñ@s, así que son supervivientes nat@s. La gran mayoría salen adelante de una manera u otra. Es un servicio muy agradecido, en realidad, por duro que pueda ser a veces”.

Eso es habitar desde la vida y la energía, desde el positivismo, desde la seguridad que da saber que tu trabajo ayuda a la gente.

Peque del revés en el campo

Pero sigamos con este breve repaso de HABITANTES.

Habitante número uno, Rita, maravillosa profesional que ilumina el Hospital de Día con su sonrisa, la maga capaz de pinchar a mi hija cambiando su perspectiva sobre las horrendas agujas a un trámite desagradable que, aunque mi pequeña considere totalmente prescindible, al menos dejó de ser una tortura. Lo que hacen en esa zona del hospital podría calificarse de magia si no supiese que es ciencia. Demuestran que pasarse horas en una camilla o enchufado a una máquina de quimio, sin ser el plan favorito de ningún pequeño, puede ser también considerado VIDA.

Habitante número dos, Pilar. Subimos a su sala de terapia en nuestra mañana de médicos, en la sexta planta del hospital. En ese ascensor que nunca llegaba, eternamente averiado u ocupado. Todo parecía igual esta semana cuando nos presentamos allí, si acaso dos o tres juguetes nuevos. Cuando llegamos, dos pequeños jugaban en la zona de espera con sus padres. Le pregunté a uno de ellos por Pilar, “Se ha prejubilado”, me explicó. En aquel mismo instante, durante apenas 5 segundos todas las horas de terapia en aquella sala llena de juguetes pasaron por delante de mis ojos. Cómo Pilar se sentaba en aquella colchoneta con ella y le proponía sus juegos favoritos, cómo le mostraba aquellos libros de imágenes, toda la dulzura de su mirada y su sonrisa eterna. Entonces me pareció imposible que aquellas salas ahora fuesen HABITADAS por otros seres humanos, otras sonrisas, otras miradas cómplices, otras preocupaciones, otras caricias.

Entonces fue también cuando me di cuenta de que no son otras, son siempre las mismas. Cambian l@s habitantes, pero lo que hay detrás sigue igual. Así que si hoy eres tú la que estás ahí, en esos pasillos, en esa sala de espera, en esa sala de Urgencias, a los pies de la cama de tu hij@ en la UCI, debes saber que no estás sola. Tod@s es@s profesionales están contigo. Todas las habitantes de esos pasillos, de esas salas que son y han sido y los que están por llegar están contigo. YO ESTOY CONTIGO. Todas las madres que han sido y han estado están contigo abrazándote, contándote cualquier cotilleo chorra para recordarte las otras dimensiones de la vida. Charlando sobre el tiempo que hace o los juguetes favoritos de nuestr@s hij@s.

Si hoy, esta semana, este mes, este año, esta vida, te toca turno hospitalario, no estarás sola. Nunca. Están tod@s l@s habitantes que no he mencionado (nuestra fisio, Mónica, la encantadora médico que nos atendió en Gastroenterología, las enfermeras de planta…) y l@s que nunca hemos conocido, pero sé que están y estarán ahí.

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