Álvaro Bilbao: “A chave para conectar co teu fillo é observalo e pasar moito tempo de calidade con él”

7 / 11 / 2016 |

Omundoaoreves vístese de gala para volver a un xénero que me encanta, a entrevista. E faino pola porta grande, co neuropsiólogo Álvaro Bilbao, autor de "El cerebro del niño explicado a los padres". Toda unha lección de principio a fin que até nos aporta trucos para eses momentos de estrés en que é o cerebro das nais e pais o que xa non responde á presión. Imperdible de principio a fin.

É posible que non o leras, pero seguro que oiches falar do seu libro “El cerebro del niño explicado a los padres”. O neuropsicólogo Álvaro Bilbao é un soplo de aire fresco, sentido común e sabiduría no mundo da educación e a aprendizaxe e acaba de estar en A Coruña para dar unha conferencia. Se a perdiches non te preocupes porque falei con el e, de paso, aprendin unhas cantas cousas que che conto por aquí.

Non nos da receitas maxistrais porque non existen, pero si nos aporta boas doses do seu coñecemento como experto en neurociencia. Un cerebro feliz e ben desenvolvido empeza por unha infancia con moito amor, moitos bicos, apertas, mimos. Millóns de grazas pola conversa e polas aprendizaxes constantes.

1.O cerebro do neno explicado aos pais… acaso non teríamos que explicarnos todos o cerebro de todos? Cada cerebro non é único e singular?

Pois ambos puntos de partida son certos. Cada cerebro é diferente pero, ao mesmo tempo é indiscutible tamén que o cerebro dos nenos funciona de unha forma moi diferente á do adulto. Os nenos lle dan moita máis importancia á imaxinación, ao afecto, ao xogo. Mentres que os adultos nos guiamos máis pola palabra e a lóxica. Dentro de iso, cada neno é diferente e cada adulto tamén.

Unha das cuestións que se estudia tamén desde a neurociencia son tamén as supostas diferencias entre o funcionamento do cerebro do home e o da muller. Existen algunhas, é así, pero o certo é que o cerebro do teu fillo podería perfectamente parecerse máis ao da súa curmá que ao do seu irmán, por exemplo.

A chave está sempre en coñecer moi ben a cada neno porque todos necesitan algo diferente. Todos teñen ritmos diferentes, formas de comunicarse diferentes, linguaxes diferentes.

2.Adiántaste á miña seguinte pregunta, onde reside o segredo para conectar cos nosos fillos, para conectar con ese cerebro infantil?

A parte máis importante é meter moitas horas cos nenos, pasar con eles tempo de calidade. Temos que coñecelos, saber por onde respiran, qué lles preocupa, qué lles asusta, qué lles motiva. Para iso temos que falar moito moito con eles. Porque moitas veces os pais/nais ou educadores nos queixamos de un mal comportamento do neno sen investigar antes que hai detrás de esa situación. É necesario sempre poñerlle contexto porque non sabemos que hai detrás de iso que sucedeu, a que se debe.

3. Conversar con ellos es muy importante pero, ¿y cuándo no podemos porque no saben hablar?

Observarles mucho, atentamente. Yo, por ejemplo, para escribir la carta a los Reyes de mis hijos me paso un tiempo observando bien lo que hacen, en qué juegos o juguetes se fijan o qué tipo de actividad les gusta más.

Parte de nuestro trabajo como padres y madres es estar atentos a su mirada, a sus llantos para saber qué nos están demandando con ellos. Tratar de seguir sus ritmos y adaptarnos a ellos. Justamente por lo que decíamos antes. Hay niños que interactúan mucho con adultos, otros con objetos, otros prefieren a sus iguales, niños que necesitan mucho apego porque les da seguridad y otros que prefieren más espacio.

4. Padres helicóptero, apego, underparenting, padres coach, hiperpaternidad… Cada mes aparecen nuevos vocablos para definir un estilo de crianza y cada vez hay más libros y material sobre la paternidad/ maternidad. ¿Vivimos en una época de sobreinformación? ¿No es suficiente con el sentido común y el instinto?

Yo no llevo muchos años escribiendo sobre el tema de la infancia y la maternidad/paternidad, pero he hablado con otros educadores que tienen una larga experiencia en la materia y todos coinciden en que sí, está habiendo una fiebre en los dos últimos años sobre el tema de la paternidad, maternidad y crianza. Hay mucha demanda de información y cada vez hay más datos, estudios y opiniones al alcance de todos, algo que facilitan las nuevas tecnologías. A veces, cuanta más información tienes, justamente, más difícil es tomar decisiones.

En el momento de tomar esas decisiones nuestro cerebro se aferra a una idea, un punto en común. Hablando, por ejemplo, del tema de “sin deberes”, muy de actualidad ahora mismo. La neurociencia dice que los deberes sirven para algo. Son útiles siempre que se mantengan dentro de unos límites y no ocupen todo el tiempo de los niños.

Otro de los temas de los que se habla en estos debates es el de los límites. Hay padres y madres que no ponen límites y, desde luego, para el cerebro los límites son necesarios. Está más que probado. Los problemas suelen venir cuando estos dogmas vienen de alguna idea científica que no ha sido ponderada, no está equilibrada con la realidad.

Los niños lo que necesitan es, para empezar, aprender a cuidar su cerebro, así que nosotros tenemos que empezar por cuidar el nuestro para darles ejemplo, pero tenemos que dar otros ejemplos, como tener autocontrol, tienen que saber que aburrirse es necesario y muy saludable, que llorar no es nada malo, que aunque pases un mal rato esa tristeza es algo útil, es una emoción necesaria para nuestro cerebro, por ejemplo, tienen que aprender sobre sus emociones para llegar a tener inteligencia emocional.

Álvaro Bilbao, foto de ihortal.es

Álvaro Bilbao, foto de ihortal.es

5. Si hiciésemos una encuesta entre los padres/madres seguro que una de las respuestas más repetida sobre su objetivo principal en su función parental sería la felicidad de sus hijos y sin embargo, los caminos que emprendemos para llegar a ese fin son muy diferentes. ¿Hay alguna manera de saber guiarnos por ellos?

Para alcanzar la felicidad hay una serie de bases que son imprescindibles. Un niño, para tener un adecuado desarrollo cerebral, un desarrollo pleno tiene que sentirse muy querido en sus primeros años de forma especial, ser besado, acunado, cogido en brazos a menudo. Necesita muchas conversaciones, muchos momentos de intimidad con sus padres, sentirse cuidado, sentir cariño.

Pero hay muchos otros ámbitos en los que es importante incidir, como inculcarle una mentalidad positiva, confianza en sí mismo, ayudarle a aprender siempre de sus errores, descubrir todo el mundo del aprendizaje, tener muchos libros en sus manos, trabajar con él/ella su memoria ayudándole a recordar las cosas que ha hecho durante el día de una manera estructurada.

Si queremos que nuestros hijos tengan una mente bien estructurada hay muchas cosas que podemos hacer para ayudarle, no vamos a sentarnos a esperar a que lo haga sólo porque puede que no sea así.

6. Una de las frases tuyas que más he oído, de las que más ha trascendido al gran público, es la que se refiere al uso restringido de los dispositivos móviles en niños menores de 3 años.

Sí. Hay mucha gente que se ha sorprendido cuando ha leído mi libro o ha visto alguna entrevista en la que hago hincapié en este tema pero es así. Los niños no deberían tener contacto con este tipo de tecnología durante los tres primeros años de vida. Se ha pasado mucho tiempo en el que las pantallas han campado a sus anchas, con móviles y tablets en las manos de los niños continuamente. Después vienen los padres a hablar contigo y te dicen que llevan cinco años haciéndolo todo al revés, dándole el móvil o el Ipad al niño para que juegue todo lo que quiera. Con el paso del tiempo es cuando se empiezan a ver las consecuencias como problemas de concentración o atención.

Lo cierto, realmente, es que no hay una evidencia científica pero existe un cierto consenso en todas las asociaciones y entidades que estudian la infancia sobre la necesidad de limitar el uso de este tipo de tecnologías en los niños más pequeños por sus efectos nocivos en su desarrollo.

7. Algo que me llamó mucho la atención de tu libro es que hablas de que el aprendizaje queda mejor grabado en el cerebro del niño cuando no hay error. La experiencia me dice lo contrario. Al cometer un errror se nos queda muy grabado el fallo para no repetirlo.

Pues lo cierto es que depende del tipo de aprendizaje. Cuando no aparece el error no hay interferencia, por lo que la información queda grabada de una manera positiva en nuestro cerebro. Pero es cierto que existe un tipo de aprendizaje, un proceso en el que si puede ser beneficioso el error, como es el de la toma de decisiones. Sin embargo, pongamos por caso lo que sucede cuando un niño quiere pegar a otro. Siempre va a ser mejor que no lo haga, que no le permitamos cometer ese error porque seguramente ni se dé cuenta de que es un error y el aprendizaje no mejora.

8. Imaginemos que nos hemos informado y hemos tomado nuestras decisiones, que tenemos muy claro el tipo de crianza y el camino educativo que queremos seguir con nuestros hijos. Incluso en esos casos, llega un momento del día en que el cerebro “cortocircuita” por así decirlo. Estamos agotados, no podemos más y empezamos a chillar y hacerlo todo al revés. ¿Cómo podemos evitarlo?

El cerebro se agota a medida que pasa el día, eso es inevitable. Podemos intentar no sobrecargarlo pero llegará un momento en que diga basta, es así.

En mi caso he desarrollado una serie de juegos y estrategias para utilizar cuando ya estamos “hasta el moño” para que los niños reaccionen antes de que entremos en cólera. Cada uno puede crear los suyos propios, pero la clave está en tenerlos siempre ahí para echar mano de ellos cuando estás a punto de estallar. Te voy a dar algunos ejemplos.

Nosotros usamos algunos “planes de emergencia”. Yo digo “voy a contar hasta tres” con los ojos cerrados y cuando los abra tenéis que estar todos sentado en la mesa y preparados. Ellos saben que la situación está llegando al límite y se lo planteo como un juego divertido así que responden bien. La clave está en usarlo como un juego, no una orden. De hecho, cuando veo que están sentados al abrir los ojos finjo sorprenderme muchísimo y acabamos todos riéndonos. El 87% de las veces entienden perfectamente cuál es la situación y responden a este tipo de juegos.

Otra estrategia que se puede usar es pasar el testigo a tu pareja cuando ves que estás a punto de estallar. Si es posible, claro, puede ser una buena solución. No puedes más y cedes el testigo.

9. El colegio, los amigos, la familia, los padres, los vecinos… El tipo de mensajes que reciben los niños, su cantidad y la forma en que los reciben es muy variada ¿En qué medida podemos los padres/madres influir en el desarrollo del cerebro de nuestros hijos?

Existen varios estudios que miden esto. Por ejemplo, en el nivel académico, el profesor y la calidad del colegio influyen hasta un 30%, el 10% es influencia de los padres y otro 10% de otros niños, mientras que la disposición del niño en sí supone un 50%.

Pero en el desarrollo intelectual de los niños el 50% depende de la carga genética que les damos en herencia, en definitiva, de nuestros genes.

Esto es lo que dicen los estudios, pero hay toda una serie de estudios y evidencia que nos dicen también muchas otras cosas. Imaginemos que Einstein hubiese nacido en la selva y hubiese sido criado por un grupo de monos. Es evidente que no hubiera sido el genio que fue. La conclusión es que, aunque los padres no tengan una influencia directa en ese desarrollo cerebral, ese desarrollo no podría aparecer si no facilitamos las circunstancias para que se produzca. Además, por supuesto, está el hecho de que existen padres que “saben” influir que son los que pueden darle ese “plus” que todos queremos para nuestros hijos.

El cerebro del niño explicado a los padres

10. Durante muchos años se ha mirado al mundo de la infancia como un espacio inferior del ser humano, un momento en que aún nos estamos creando. Se ha mirado muy por encima del hombro. Eso empieza a cambiar, pero muy muy despacio. ¿Qué sucedería si nos parásemos a analizar el funcionamiento del cerebro de un niño y el de un adulto?

Pues que nos sorprenderíamos mucho. El adulto trabaja con su cerebro “en piloto automático” por así decirlo. Siguiendo sus rutinas y sus pautas ya marcadas de las que apenas se sale. El cerebro del niño/a, al contrario, está en pura ebullición continua. Las cifras son vertiginosas. Aprenden hasta 500 palabras por día y tienen una flexibilidad cognitiva imposible de alcanzar en otros momentos de la vida.

Un ejemplo muy concreto. Un experimento realizado justamente para ver las diferencias entre el aprendizaje en niños y adultos demostró las enormes diferencias que existen en nuestros cerebros. Se trataba de aprender a conducir una bici al revés, de forma que al girar el manillar a la derecha te vas a la izquierda y viceversa. Los adultos tardaban unos nueve meses en conseguirlo mientras los niños de 7 u 8 años tardaban apenas un mes. Tienen un cerebro mucho más flexible, se adaptan de una forma muchísimo más rápida a diferentes situaciones, son más generosos, no guardan rencor… La lista es interminable. Justamente ahora estoy preparando un texto sobre las 12 cosas que el cerebro de los niños hace mejor que el de sus padres.

Deseando leerlo nos quedamos Álvaro, para seguir aprendiendo todo lo que podamos, aunque ya no seamos niñas/os o, mejor dicho, justamente, porque queremos volver a serlo.

Fotos de ihortal.

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