Conversas de parque

18 / 4 / 2017 |

Convídoche ao meu pseudo experimento do revés. Aproveitei a última semana ( e quizáis algún día máis) para me convertir en notaria. Tan só conversas de parque. Algunhas das que escoitei nos últimos días. Tan só un intercambio de frases entre seres humanos en un contexto de xogo... Ou quizáis algo máis? Creo que se somos capaces de rexistrar (sen xulgar) o que se percibe ao noso arredor seremos moito máis conscientes da realidade que nos rodea e poderemos obrar en consecuencia.

Conversas de parque, nada máis e nada menos ca iso. Un pequeno reflexo do que se vive na nosa sociedade día a día. Escoitar sen xulgar, prestar atención sen caer no cotilleo. Esta Semana Santa levei a cabo un pequeno “experimento sociolóxico”. Aproveitando o feito de ter visitado parques moi diferentes e tamén o feito de que as vacacións propiciasen un movemento de familias diversas por parques diversos decidin levar a cabo este “pseudo experimento”. Todo xurdiu unha tarde na que escoitei unha conversa de uns nenos xunto a min e á peque do revés.

Hai xa uns aniños, cando collín a miña primeira baixa de maternidade, recuperei unha parte da miña vida que cría esquecida. De traballar fóra das oito da mañá ás oito da tarde pasei a facer a compra, xestións administrativas, paseos e recados variados a diario. Esta recuperada rutina proporcionoume a oportunidade de observar de novo a vida de barrio máis de cerca. Esas esperas na cola da peixería, esa señora que se che cola cando vas mercar froita, ese café frente á escola infantil son o mellor dos laboratorios para saber o que “se coce” no mundo que te rodea.

Así que creo, honestamente, que las conversaciones de parque son un barómetro fantástico para hacernos una idea de lo que se respira en torno al mundo infantil que nos rodea hoy en día. Lo cierto, además, es que las horas de empujar columpios y acompañar me prestan un montón de tiempo para centrar mi atención en cuestiones diversas y he decidido aprovecharlo. Así que, sin juzgar, sin adulterar (bueeeno, eso es imposible, lo sé, así que interviniendo lo mínimo posible…) aquí te traigo un extracto de las conversaciones que he oído esta semana en distintos parques gallegos.

1.-Un grupo de tres niños, uno de ellos de unos cuatro o cinco años, otro de unos siete y ocho y otro de alrededor de 10. Juegan en unos columpios, gritan y jalean. El mayor se aparta a otros columpios y en ese momento se aproxima otro niño de unos siete años que parece intentar entablar relación con ellos sin conseguirlo. Se sienta en uno de los columpios junto a los más pequeños y de repente me doy cuenta de que se han enzarzado en una guerra de insultos e improperios de un tono bastante fuerte. Para que te hagas una idea, se me menciona varias veces a las madres.

El niño de mayor edad, que está alejado unos metros empieza a animar al de siete u ocho años a que le pegue al otro. “Ahhhhh, ¿cómo le dejas que te diga eso? ¡Pégale! Yo le pegaba. Dále ya!” Después de intercambiar cinco o seis frases más el niño se levanta y empieza a darle golpes al otro. La pelea termina rápidamente con la intervención de las abuelas.

2.- Niña de unos cuatro añitos juega con su abuelo. Va de columpio en columpio, de tobogán en tobogán. Son cerca de las siete de la tarde. La niña se sube a otro columpio y se acerca la abuela. “Venga, que hay que marchar. Hace mucho frío! ¿Tú no tienes frío? Ponle la chaqueta a la niña!”. La niña responde: “Yo estoy sudando”. La abuela insiste: “¡Qué frío! Hay que abrigarse. Ponle la chaqueta!”

Peque del revés en el parque

Peque del revés en un parque el año pasado

3.- Un grupo de niños de entre ocho-nueve y once o doce años se acercan a los columpios- abro paréntesis. En lo que me he fijado en estos años de parquear es en que los columpios suelen ser las únicas zonas de parque a las que se acercan los niños de mayor edad. Es el único resquicio de infancia que se permiten a sí mismos, nunca he entendido muy bien por qué- y se ponen a esperar. Empiezan a charlar entre sí en un tono cada vez más alto. De repente escucho claramente a uno de los niños espetarle a la única niña del grupo: “Cuando te cases yo no sé cómo va a hacer tu marido!!!! Eres tan miedosa que no va a poder marcharse nunca de casa. Siempre va a tener que estar contigo. No va a poder irse a trabajar ni nada!!!” A lo que otro de los niños responde: “Bueno, pero tú estás suponiendo que es tan buena como para poder casarse!”

4.- Dos niños de unos cuatro años. Uno se acerca al otro. “¿Quieres jugar?” El otro le responde: “Mira, si pones así el columpio haces un triángulo”. “A ver??” “Venga, vámonos a la guarida del león a escaparnos de las hienas!!!”

5.- Señora de más de cincuenta años juega con un bebé. Se acerca un hombre conocido y le pregunta por la familia. La mujer empieza a dar todo lujo de detalles sobre la enfermedad grave y hospitalización de un miembro de su familia y las pruebas médicas pendientes. La mujer sigue jugando varias horas con dos bebés. Se ríe y disfruta a tope. Cada ratito, sus ojos se van al smartphone y escribe a menudo en lo que ella misma cuenta a los adultos que la acompañan que es el grupo de whatsapp de la familia.

6.- Abuelo corre detrás de su nieta. “¡Ven aquí! Para ya de correr y tirarte así que te vas a manchar!” Su nieta, de unos cuatro o cinco años para un segundo y vuelve a correr por un campito con zonas secas y otras zonas con un poquito de barro. “Pero no ves que te vas a caer!!! Anda, que hay que ponerse la chaqueta y marcharse ya para casa!” La niña vuelve a parar un segundo y echa de nuevo a correr. “¡Vengaaaa!” El abuelo y la nieta desaparecen de mi vista pero a los cinco minutos veo cómo se marchan finalmente. La niña lleva puesta una chaquueta.

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