Cómo se educa a un incendiario…

16 / 10 / 2017 |

O día no que decidimos que tocaba retomar o contacto coa naturaleza o país empezou a arder de novo. O día no que nos puxemos de novo a camiñar polo monte rematamos chorando de rabia e impotencia. Por favor, dicídeme que poderemos cambiar algo e que o futuro dos nostros/as fillos/as non pasará por novas traxedias verdes. Necesito saber que non volveremos a tropezar mil veces máis co mesmo incendio e que a educación pode cambiar o mundo.

Escribo isto ás doce da noite. Son incapaz de durmir. Nos máis de 40 anos de vida que me caeron en gracia sobrevivín xa a uns cantos verans ardentes. Galicia arde e volve arder unha e outra vez. Milleiros de puntos da Península Ibérica, (incluída Portugal, por suposto) iluminaron os informativos coas súas lapas. Ninguén o entende. Ninguén é capaz de paralo. Ninguén é capaz de explicarllo aos seus fillos/as. E non deixo de preguntarme como se educaron esas persoas que queiman a terra.

Porque de pouco servirá que consigamos mantenelos sanos e cuerdos se un mal día a súa vida e o seu mundo arden, como están ardendo as de decenas de familias no noso país no momento no que escribo isto. E perdoade se o que digo vos soa incoherente ou absurdo, se non son capaz de xuntar más de vinte palabras con sentido desde un rincón da periferia atlántica pero TIÑA que escribir algo para exorcizar aos demonios que prenderon este lume no mundo exterior e que conseguiron facernos arder por dentro.

Esta mañana este rincón del mundo llamado Galicia dejó de oler a salitre, a eucalipto, a carballos y a pulpo golpeado y “mareado” una y otra vez. Esta triste mañana de domingo, al salir a la calle con mis hijos supe que algo pasaba. Un agobio y tristeza infinitos me invadían sin haber leído ni visto ni un sólo informativo. Es domingo y trato de desconectar un poco del mundo, así que no tenía la menor idea de lo que sucedía a unas decenas de kilómetros de nuestro entorno.

A mediodía decidimos, al ver los vientos huracanados que nos rodeaban, cambiar nuestro plan inicial de senderismo en la costa, por un paseo por el interior. Nos subimos al coche (todavía sin ver ni una sola noticia) y no entendíamos nada. No se veían incendios, pero el ambiente era casi irrespirable, casi casi tan denso que nos parecía poder cortarlo con un cuchillo. Seguíamos sin entener qué sucedía, pero pensamos, en nuestra dulce ignorancia, que tan sólo era la calma tensa que precedía al huracán y las lluvias que se anunciaban para esta noche.

Al llegar a nuestro destino, un rincón encantador, junto a un río medio seco por la falta de lluvia en Guitiriz, seguíamos sin sospechar nada. Disfrutamos de un paseo por Sete Muíños y lamentamos con preocupación el seco aspecto del cauce del río.

Naturaleza, Galicia

Paseamos por la preciosa zona de Sete Muíños, en Guitiriz

Ya de vuelta casa, a última hora de la tarde, a punto de despedir el domingo, decidimos “reconectar” con el mundo para comprobar que el peso que teníamos sobre nuestras cabezas no era imaginario. Y entonces empiezas a recibir mensajes por grupos de whatsapp y a ver imágenes en informativos y a llorar de rabia e importencia.

Que si son incendios intencionados, que si la desesperación y el hambre empujan a hacer locuras, que si hay incendiarios con problemas psiquiátricos…

Y mientras, en la calle, cientos de personas lanzan cubos de agua, cientos de personas tienen que dejar sus casas por temor a perder la vida y los sueños en ellas, cientos de seres vivos (plantas, animales…) dejan de estarlo.

Cuando leas esto es más que posible que este nuevo capítulo de la crónica incendiaria de Galicia se haya medio cerrado, en falso, por supuesto, pero muchos habrán pasado página de alguna manera.

A mí tan sólo me gustaría que, desde el más profundo de los respetos por su inteligencia y capacidad de comprensión, alguien fuese capaz de explicarme CÓMO podemos explicarles algo de lo sucedido a nuestros/as hijos/as. Y, lo que todavía me importa más, CÓMO podemos evitar que cualquiera de ellos sienta el día de mañana la más mínima tentación de hacer algo parecido.

Si alguien me asegura que eso ES POSIBLE habrá esperanza. Comenzaremos realmente una nueva relación con nuestro planeta y nuestros semejantes y creeré que un mundo mejor es posible.

“Era una persona normal, no sospechábamos nada” suele ser una de las frases más escuchadas cuando un ser humano provoca una desgracia como la que ha sobrevenido a Galicia de nuevo este fin de semana. Y no sé explicar cómo se llega a ser incendiario, por muchos motivos económicos que puedan entremezclarse. No tengo ni la menor idea de cómo se educa a un incendiario. Sólo sé cómo NO se educa: En el amor y el respeto por su entorno y por los seres vivos-

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