El club de las nueve

14 / 2 / 2019 |

Esta de hoy, por supuesto, es una historia de amor. El amor que reparten todas las socias de un club único en el mundo y al que espero que acabe perteneciendo el resto de la humanidad. Un club exclusivo en el que sólo se necesita un corazón enorme, mucha empatía y una paciencia infinita para acabar obteniendo el carné de acceso. Te invito a conseguir conmigo que acabe siendo una secta mundial.

Inclusión escolar

Pocos minutos antes de las nueve, cada mañana, de septiembre a junio, se celebran las asambleas matutinas de este club. Es una entidad muy muy selecta en la que no tiene cabida cualquiera. Las pruebas de admisión son tan exclusivas que, en realidad, nadie ha llegado jamás a diseñarlas. Para superarlas es imprescindible tener un corazón que no te quepa en el pecho, una sonrisa siempre a flor de boca y una mirada limpia y cristalina.

Supe de la existencia e este club hace apenas unas semanas, aunque ya intuía que sus miembros tenían muchas cosas en común. Fue justo a la hora en que se celebra su asamblea matutina. Se acercaba a pasos agigantados el momento en el que el ring de la sirena marca el arranque de la jornada escolar cuando una de ellas me lo contó, así, como quien no quiere la cosa. Del mismo modo en que dice las cosas importantes de esta vida quien es profundamente consciente de su relevancia y por eso mismo no deja de repetirlas. ¿Lo has pensado alguna vez? Si dijésemos “te quiero” o “deseo que todo vaya bien” o, “espera que te ayudo” continuamente nunca sería necesario imprimir en nuestra entonación apenas nada de intención. Si lo dijésemos todos los días varias veces al día, seríamos capaces de interiorizarlo de tal modo que nos pareciese lo más habitual del mundo… Así es como dicen “te quiero” los niños y niñas (al menos el 90% de las veces) y así, exactamente así, fue como una de ellas me lo filtró “tenemos un club“.

La amistad no consiste en dar aquello que nosotr@s queremos, sino lo que tu amig@ necesita

Club es un término que tiene su relevancia, sus protocolos y, además, implica la creación de un cierto protocolo. El diccionario de la RAE define club nada más y nada menos que como “una sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas y culturales”.

Amistad e inclusión

Así que, una vez asimilado el impacto de que mi hija tuviese el honor de pertenecer a un selecto grupo con intereses comunes ya recibo el segundo golpe de amor. “¿Sabes, tenemos un club. Y ‘S’ (la peque del revés) es la que decide en el club a qué sitio vamos”.

Desconozco todas las normas internas del club, no soy tan afortunada como para haber sido admitida dentro de ese grupo de seres únicos, pero hay un dato que sí me adelantaron. “S decide a dónde vamos a la hora del recreo”. Cuando bajan al patio a disfrutar de sus minutos de descanso, el club busca un recinto para sus reuniones y es la peque del revés la privilegiada líder que decide cuál será ese espacio. Si hace sol, por supuesto, S escoge la zona sin sombra en aquel espacio cubierto en su 80% y, si está nublado o llueve, su refugio suele estar a cubierto y un tanto apartado de la algarabía de los partidos de fútbol. Pero no es esa la única norma no escrita de este increíble grupito.

Desde que empezaron Primaria, los niños y niñas deben entrar solos en el recinto del cole formando filas. Es algo que, para la peque del revés tiene su complicación. No tanto porque no esté acostumbrada a seguir normas y protocolos (que tiene el “culo pelado” de hacerlo), sino porque su mente suele estar ocupada en tareas mucho más elevadas que las terrenales relativas a mantenerse dentro de una líneamarcada por aburridos seres humanos. Mientras se coloca en la fila descubre una mosca que sobrevuela el universo, un objeto con una sonoridad desconocida, una esquina tras la canasta que jamás había intuido o un ribete de un abrigo que muestra una insospechada suavidad que explorar. En esos momentos, para ella el tiempo se para y las filas no existen. Es en esos momentos cuando otra de las “normas” del grupo viene a su rescate.

“¿De quién es hoy el turno de acompañar a S de la mano?” pregunta una de las sofisticadas socias mientras recoloca su diadema rosa. Esa pregunta suele repetirse a menudo mientras una o dos de las niñas agarran la mano de mi hija y la llevan en volandas desde el lugar en el que se encuentre hasta las primeras filas. Juraría que algún día he visto a Campanilla acompañándolas.

Alguna madre ha bromeado en más de una ocasión conmigo con el trato “VIP” que recibe. ¡Me río yo de los jets privados! Pero es que, no es para menos. En alguna ocasión me han llegado a explicar (pobre de mí en mi ignorancia) que no me preocupase en ayudar a S a colocar la mochila en la fila… “¡Total luego ya viene con nosotras!”

Inclusión y amistad

La peque del revés jugando a las palmas con una de los miembros de este selecto club

No creo que tengáis ni la más remota idea de qué es exactamente lo que estáis haciendo y espero que tardéis muchos años en saberlo. Sólo espero que lo sigáis haciendo y que disfrutéis con mi hija de todos y cada uno de estos momentos únicos que cada día temo que se acaben. A veces creo que os vais a enfadar por sus protestas y gritos inexplicables y que le anularéis el carné de socia, pero llega el día siguiente y volvéis a llevarla de la mano, a aceptarla como lo que es, ni más ni menos, una más. Y, además, a “concederle” todos sus “caprichos” dándole lo que ella os pide, por extraño que les parezca a otr@s porque simplemente le dan lo que su amiga necesita.

Algunas de vosotras me habéis hecho algunas preguntas (pocas, para ser honesta), pero jamás me ha molestado ninguna de ellas. Siempre las habéis planteado desde la curiosidad natural del que quiere saber y ayudar, de quien quiere sumar y no restar. Nunca desde la pena o la distancia, siempre desde la cercanía y el amor.

Siempre tenéis un cucú dispuesto, unas cosquillas escondidas en la trastienda de vuestras manos, una sonrisa cómplice y un saludo cariñoso para una socia más de vuestro club.

Si hoy estoy aquí difundiendo este mensaje y compartiendo esta historia, queridas socias exclusivas, es porque creo que vuestro club absolutamente único y exclusivo ha nacido, en realidad, con vocación universal. Debe seguir creciendo y ampliándose,

teniendo millones de socias y socios en todo el mundo. Socios y socias tan únic@s como lo sois vosotras y mi hija. Seres humanos que seais capaces de encontrar en un futuro no muy lejano un nuevo espacio de convivencia en el que tod@s aportemos desde el amor y el respeto, desde la comprensión y la convicción de que sólo en la diversidad reside nuestra esperanza de un futuro mejor para tod@s.

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