El “bajón” o “subidón” musical en Navidad

23 / 12 / 2015 |

Alegría, alegría, amor, fiesta... La Navidad es todo esto, ¿o no? Carla López, nuestra musicoterapeuta, reflexiona hoy sobre los estados emocionales y nuestra forma de "vivenciarlos" a través de la música. ¿Serviría de algo poner la música más alegre cuando sólo quieres oír una y otra vez esa balada? Ahhh y no os perdáis la sorpresa final en forma de cortometraje, una pequeña maravilla.

Pandeireta reflexada, foto de Paula Verde, la música y los sentimientos

Hou, hou, hou… Ya está aquí otra vez la Navidad. Luces por la calle, trajín de compras, olor a castañas y los cds de villancicos venga a dar vueltas y más vueltas sin cesar impregnándolo todo de ambiente navideño. Paz, amor y felicidad….

O no….

En estas fechas tan señaladas es cierto que abunda gente que disfruta con ilusión de la Navidad, pero la verdad es que a otro alto porcentaje no les apetece nada todo lo que gira en torno a ella. Sobre todo, por la obligación de sentir toda esa alegría porque son fiestas y se supone que todos debemos ponernos a “echar cohetes” y… sencillamente a veces no apetece por mucho que el contexto lo exija.

Y claro que hay un poco de todo, pero curiosamente, es en el transcurrir de estas fechas cuando suele advenir la añoranza, tristeza y otros sentimientos supuestamente poco concordantes con el espíritu de la Navidad.

La verdad es que a mí eso de que a una le digan lo que tiene que hacer y sentir porque así se ha establecido por costumbrismo, cultura o educación, siempre me ha “rechinado” bastante.

Dentro del ámbito del contexto musical, que es en el que yo me manejo, se puede observar de forma muy clara la conexión de la música con el plano emocional. La música no engaña. Va directamente a la emoción, al recuerdo, al momento y el lugar preciso y resulta casi imposible que pase por alto si nos toca muy a dentro.

Es muy curioso como a lo largo del tiempo se han intentado crear músicas para evocar diversidad de estados emocionales, pero lo cierto es, y esto no es la primera vez que me lo habréis oído decir, que las recetas musicales no existen. Los efectos de la música sobre cada persona son subjetivos e intransferibles. Esto significa que para cada persona hay un “recetario”.

Continuando con todo el tema de la Navidad, el sentimiento de “venirnos arriba”, emociones que debemos sentir y demás os pondré un ejemplo sencillo que suelo contar de vez en cuando al hablar de estos temas. Quizás la escena os resulte familiar:

– Pepita está pasando por un momento delicado. Siente una inmensa tristeza y durante días solamente quiere escuchar el track nº 5 del “The power of love”, que parece más una “oda al descorazonamiento” que otra cosa. Sus amigos se preocupan y no ven lógico que estando triste no salga de fiesta a echar unos bailongos, considerando que la música alegre y movida es lo que necesita para animarse y así abandonar su estado alicaído de los últimos días.

Evidentemente la pretensión de sus amigos es bienintencionada y, por supuesto, tratan de animar a Pepita, pero en realidad, la escucha ininterrumpida del track nº 5 es lo que toca en ese momento y quizás si Pepita saliese a bailar a ritmo de la “París de Noia” toda la noche, además de que probablemente se encontraría pesada, incómoda e incapaz de seguir el ritmo, en algún momento se sentiría fuera de lugar, forzada, como si llevase un traje que no le corresponde y probablemente mucho más triste que antes de salir de casa, con lo cual la idea de eliminar e intercambiar la emoción por la que le tocaba pasar por otra, en teoría más positiva, hubiera sido un fracaso total.

Todo requiere su proceso, y por más que queramos no podemos ni debemos tratar de saltarnos o solapar estados emocionales que son necesarios para superar situaciones de la vida, evolucionar y crecer como personas.

Ya habéis visto como en el ejemplo de Pepita, la música que le pedía el cuerpo hablaba claramente de su necesidad emocional de ese momento. Lo natural, salvo que exista una problemática mayor, o este estado se cronifique, (en cuyo caso ya se debe recurrir a un especialista) es que ella con sus propias herramientas supere airosa el momento y vaya cambiando de estado de ánimo y con toda probabilidad de disco también.

Como os he dicho otras veces, si prestamos atención, determinadas músicas empleadas de manera correcta pueden ser una herramienta fantástica de autoconocimiento y puede resultarnos muy útiles para reconocer emociones, gestionarlas, llevar a cabo procesos vitales y ayudarnos a situarlos.

Seguro que podéis recordar músicas de alguna epoca pasada e identificarlas perfectamente con una emoción. Incluso hasta organizar alguna etapa de vuestras vidas en un recopilatorio donde el orden de las canciones indique perfectamente el recorrido de ese momento vital. Adolescencia, etapa viviendo en la Conchinchina, los años antes de nacer los peques…. O simplemente ver cómo ha ido cambiando vuestro recorrido sonoro en función del paso del tiempo.

Si os habéis animado a explorar vuestra historia musical (de la que os hablaba en un post anterior) os animo ahora a organizar las músicas por etapas. Observad si las sensaciones y las emociones son diferentes al momento presente. Sólo como un pequeño juego, un viaje pero con vuelta al ahora sin mayor intencionalidad que la de experimentar lo que sucede, no vayáis a quedaros anclados en el pasado…. O ¿quizás os apetece pegar un salto hacia el futuro que os haga aparecer directamente en el 7 de Enero?

Si encontráis las llaves del Delorean avisad.

😉

Para cerrar os regalo un corto que me gusta mucho, y creo que podrá aportar mucho a mi última colaboración del 2015… Por supuesto, ¡muy musical!

 

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