Cuando el hermano pequeño se convierte en el mayor

6 / 3 / 2018 |

Como los procesos más naturales que vivimos en nuestra vida. Sin dramas. Sin miedos ni “pobrecito”. Así fue como nuestro hijo pequeño se convirtió en hermano mayor sin serlo. Porque en una familia diversa todos y cada uno de los miembros de esa unidad acaban teniendo que asumir en algún momento un rol que no […]

Peques del revés

Como los procesos más naturales que vivimos en nuestra vida. Sin dramas. Sin miedos ni “pobrecito”. Así fue como nuestro hijo pequeño se convirtió en hermano mayor sin serlo. Porque en una familia diversa todos y cada uno de los miembros de esa unidad acaban teniendo que asumir en algún momento un rol que no se les presupone. Pero es que yo, queridas y queridos, a estas alturas ya no presupongo nada. Por eso vengo a hablaros de cuando un hermano pequeño se convierte en el mayor o, mejor dicho, cuando un hermano pequeño es muy muy muy grande.

“Veeeeeenga, que te hago una pedorreta si nos dejas que te echemos el suero….” “Ahora, mami, mira, ahora está contenta, ahora podrás”. “No te preocupes, que yo le canto su canción favorita”. “Mami, no os vayáis los dos al baño que tendré que estar yo de responsable!””Vaaamos, ven, que ya lo hacemos los dos”. La lista de frases que me traspasan el corazón crece día a día.

Y a mí se me dibuja la sonrisa una y otra y otra vez. Cuando le veo buscarle las cosquillas a su hermana para interactuar con ella. Cuando le lanza auténticos tsunamis en la bañera porque sabe que le encantan. Cuando se arma de una paciencia de la que sólo dispones cuando te sabes poseedor de todo el tiempo del mundo. Cinco años de sabiduría infinita con los que jamás podré competir.

Nunca nadie sabrá tanto de su hermano como lo que él y nosotros sabemos ahora. Nadie. Nadie le hará cosquillas como él ni será capaz de agarrarla para que no se escape en medio de la calle si hay un peligro y mamá le está atando los zapatos. Y no, no es su hermano mayor, ni tiene que serlo en realidad, ni queremos que lo sea. Sólo sucede, a veces, sucede, como todo en esta vida, casi sin quererlo…

Peque del revés

Peque del revés ayuda a su hermana a “ordeñar”

Hace bien poco la peque del revés pasó por una fase de la que aún no hemos salido del todo. Se niega a caminar, a avanzar ni retroceder, ni a salir de casa. Y no tenemos ni la menor idea de por qué. ¿Cuál creéis que fue la reacción del peque del revés al ver que su hermana dos años mayor que él no quiere moverse?

Cuando sucedió algo parecido hace año y medio (él ni había cumplido los cinco años) se escapaba y jugaba. No se percataba de que ser incapaz de conseguir que su hermana se moviese ni dos centímetros seguidos en medio de la calle mientras le perdía a él de vista podía ser para mí el peor de los infiernos. Tuve que buscar la complicidad de más de dos o tres mamás y papás en estas situaciones para que lo frenasen en su juego mientras yo trataba de conseguir que su hermana se moviese.

Ninguna madre tendría que elegir entre dejar cinco minutos a su hija con dificultades de comprensión y “cero” noción de peligros o permitir que tu hijo de casi cinco años se escape un tramo en el recorrido escondiéndose por las esquinas y jugando a darte sustos (os puedo asegurar que esos cinco segundos en que le perdía de vista tras una columna me asustaban de verdad, así que creo que su juego funcionaba muy bien). Nadie debería tener que tomar ese tipo de decisiones. Pero no te queda otro remedio que hacerlo, con tus aciertos y tus errores.

Afortunadamente, un año y medio más tarde, puedo ver que no todo lo que hemos vivido ha caído en saco roto. Ahora, cuando el peque del revés ve que llegamos a una situación límite se convierte en el mejor de nuestros aliados. “¿Qué puedo hacer para ayudarte, mami?” Argumentos surrealistas, cosquillas, caricias, razonamientos propios de un auténtico experto en diversidad y mundos alternativos hacen de él nuestra herramienta secreta para salir adelante de los embrollos más insospechados.

Peque del revés

Foto movida, pero posible porque el peque agarraba a su hermana para que no se escapase 🙂

Aquel niño de dos años que nos dijo “vamo a arreglalo” sigue empeñado en conseguirlo y no deja de sorprendernos. Día a día, sonrisa a sonrisa, logro a logro. Al fin y al cabo, si es capaz de construir una mochila propulsora, ¿qué no podrá hacer?

El mismo pequeño que le lee cuentos a su hermana, le ayuda a ponerse el abrigo y está pendiente de ella cuando se quedan sin papá y mamá en una actividad que ella desconoce.

Ellos, los hermanos diversos de las familias diversas. Esa avanzadilla que lanzamos también al mundo a seguir explicando a las generaciones que estamos formando ahora que sus hermanos no están enfermos, que todos somos diferentes pero iguales al tiempo. Ellas y ellos, que desprenden entusiasmo a pesar de que también se enfrentan a obstáculos diarios al soportar las miradas despectivas o comentarios jocosos sobre sus hermanos.

Nunca he querido depositar sobre ti el peso de nada, cariño, no te corresponde a ti responsabilizarte de las miradas erróneas del mundo en el que vivimos. Pero, sin embargo, por voluntad propia, poco a poco, vas asumiendo un papel que tú mismo están diseñando en tu mundo. Tu principal misión, por supuesto, ser TÚ y ayudar a todos los que te rodean a ser más felices. Incluso sin pretenderlo.

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  • martarivasrius

    Me has emocionado hasta lo más profundo. Qué bonito. Y qué suerte tienen de tenerse, mutuamente. Un abrazo grande Sonia!

    • Ay, que todavía no te había respondido, Marta. Gracias inifinitas y un abrazo eterno que te daré en persona en breve 🙂

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