Cómo educar a un niño y a una niña

29 / 6 / 2016 |

Cuando creía que era imposible, que el único cromosoma que tenía cabida en mi era el XX viniste tú para demostrarme que me equivocaba. Desde entonces no has dejado de hacerlo y desde entonces sé que criar a un niño es igual de maravilloso y duro que criar a una niña, ni más ni menos.

Educar en igualdad, niño cumpleaños

“Es un niño” me dijo la tocóloga en la eco de las 20 semanas. La cara de tonta que se me debió de quedar en aquel momento os aseguro que era digna de ser fotografiada, seguro. “No puede ser”, le contesté, “¿estás segura?”. “Sí, bastante segura. Puedo verle el pene” me soltó muerta de la risa. Puede que te parezca que no sabía lo que me decía pero si te cuento que mi madre tuvo tres hijas, que mi hermana mayor tuvo dos hijas, mi hermana mediana tres niñas y yo ya tenía en aquel momento una hija… quizás comprendas un poco mejor mi sorpresa. En aquel momento, hace ya casi cinco años, yo estaba absolutamente convencida de que en mi familia sólo podían nacer mujeres… y me equivocaba, por supuesto, como en tantas otras cosas 🙂

Hace unos días, “cuando empieza el verano”, como te recuerda él desde hace unos meses, el peque del revés cumplió años y se celebra el aniversario de ese momento en el que sucedió lo que nunca creí que sucedería: fui madre de un niño. No voy a mentirte a estas alturas, después de más de un año de relación (jajajajaja) así que te confieso que me sentí rara al saberlo porque en ese mar de dudas y tormenta de hormonas que es una embarazada llegué a pensar “¿Y si no sé criar a un niño?” Sí, lo confieso, llegué a pensar tamaña estupidez, es lo que tienen los miedos del embarazo salpimentados por la tormenta rusa en la que se convierten tus emociones.

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El peque del revés con una horquilla. Se parecen tanto que a veces cuesta diferenciarles

Eso sí, vamos a hacer un pequeño ejercicio de empatía, trata de ponerte en mi lugar por un minuto porque yo había estado rodeada de bebés que siempre eran niñas. Hasta mis amigos tenían niñas de forma masiva!!! Yo, una mujer absolutamente convencida de la igualdad entre géneros, activista de esa reivindicación… ¿qué era lo que me hacía dudar? Pues muchas cosas, la primera, el pensar que sería difícil transmitirle a mi hijo justamente esos valores en un mundo que se empeñaría en enviarle cien mil mensajes en los que le recalcarían su papel dominante, de líder, lo genial que es ser hombre, lo fuerte que debe ser siempre y la importancia de que oculte sus sentimientos.

En aquellos momentos no hacía más que pensar en qué era más complicado: conducir a mi hija con diversidad funcional por el camino del empoderamiento y la igualdad o convencer a mi hijo de que no es un ser superior, sino un ser humano maravilloso, con sus debilidades, su derecho a llorar hasta quedarse sin lágrimas, a jugar con muñecas y cocinitas, a odiar el fútbol y a enamorarse de un hombre si así lo decide. Sigo sin saber cuál de estas dos vías será la más complicada, la verdad, pero sigo trabajando en ambas como puedo y como sé. Por suerte tengo a los mejores colaboradores del mundo y al mejor maestro, dispuesto a demostrarme que me puedo equivocar una y mil veces y aún así seguir avanzando.

Y no, no te voy a decir que a mi hijo no le gusten los coches o jugar a la pelota (le encantan, aunque nunca le hemos fomentado ninguno de esos gustos y hemos tratado siempre de ofrecerle juguetes y ejemplos diversos), pero sigue jugando con su cocina de madera y con cualquier cosa que le llame la atención en un momento determinado sin pensar aún en si es “de niños o de niñas”. Y digo aún porque, me guste o no, vivimos en sociedad y el peque del revés es un ser MUY SOCIAL. Le encanta relacionarse continuamente con otros niños, buscar amigos, hablar con todas las familias que se encuentra en el parque, en la playa, en la calle… Y, como ya imaginarás, eso es maravilloso, pero también tiene sus contraprestaciones porque las primeras “etiquetas” han empezado a aparecer en su mente de forma muy muy, pero que muy sutil. Ya ha caído alguna frase del estilo de “no quiero jugar con las niñas”. Era inevitable.

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En los tiempos en los que le encantaba ponerse tutú

Pero no te preocupes, mi amor, también será inevitable que sigamos ahí para hacer nuestro trabajo. Para demostrarte que esas etiquetas que la sociedad quiere que asumas no existen y son invisibles a los ojos del alma, que tú no eres ni más ni menos que tu hermana, que puedes y debes jugar con coches y muñecas, con pelotas y cocinitas, con motos y carritos de bebé; que los hombres no tienen que ser más fuertes ni cargar con el peso de nada; que puedes ser médico o enfermero, profesor de una escuela infantil u obrero, no hay límites. Bueno, seamos realistas, sí los habrá, intentarán marcártelos continuamente, no te voy a engañar. Pero es parte de nuestro trabajo hacerte ver que esos límites son absurdos y han sido creados por mentes estrechas de personas con miedo y/o que no han podido ni sabido ver más allá de lo que alguien les enseñó una vez.

Feliz cumpleaños, peque del revés, feliz vida. Sigue sorprendiéndome siempre, por favor.

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