De campamentos, diversidad, discriminación e inclusión real

3 / 7 / 2019 |

La noticia está en todos los medios, una niña de 11 años es expulsada de un campamento tras negarse dos niñas a dormir con ella y protestar sus padres porque sus pequeñas tenían "derecho a disfrutar de sus vacaciones" lejos de niñ@s "especiales. Hace 5 años, una administración pública impidió a mi hija participar en un campamento también por ser una niña "especial". Vengo hoy a contarte quién tiene realmente las necesidades especiales en estas historias que se repiten año tras año.

Verano y campamentos

Estar o no estar. Estar sin pertenecer. Dejándote claro, meridiano, que tu presencia en ese espacio es tan sólo fruto de la bondad y solidaridad. Reventar los derechos fundamentales de las personas. Julio, 2019 “Una niña de once años con retraso madurativo es expulsada de un campamento”. Julio, 2014 “Expulsada de un campamento infantil en A Coruña por tener diversidad”. La niña de la segunda noticia era mi hija. La de la primera se llama Inés, no la conozco, pero estoy segura de que es tan increíble como la peque del revés. Las noticias se repiten de manera cíclica y no aprendemos, así que he sido capaz de sacudirme el cabreo y ponerme a escribir. Porque sigue siendo necesario. Porque es una de mis formas de cambiar el mundo. Poco a poco. A veces a paso de tortuga, pero rendirse no es la solución. A Inés le dejaron estar, sólo un ratito, pero dejándole claro desde el primer día que NO PERTENECÍA. A mi hija no se le permitió estar, aunque tanto ella como Inés SÍ PERTENECÍAN.

Vamos a recapitular y ponernos en antecedentes porque seguro que much@s no sabéis de qué estoy hablando. Inés tiene 11 años y cursa 5º de Primaria, se dispone a pasar unos días de diversión y aprendizaje en un campamento de inglés en un pueblo de Salamanca. Sus padres hablan con los responsables para explicarles que la pequeña tiene un retraso madurativo, por lo que le cuesta más tiempo que a otr@s niñ@s procesar la información que recibe. Sin problema, todo correcto.

Los problemas no son de Inés, los problemas son de la sociedad. Esa sociedad que cuenta entre sus filas a familias con hijas que llaman a sus padres para decirles que no quieren dormir con una niña discapacitada (porque así se lo habían contado alguno de los monitores, a pesar de que la madre insistió en que no lo hiciesen para no etiquetar a la pequeña desde el principio). Las niñas se quejan. Sus familias recogen sus protestas con preocupación y enfado… pero no se enfadan con ellas, sino con la organización del campamento que se ha atrevido a colocar a sus hijitas con una niña “diferente”.

Según cuenta la madre de Inés a los medios, la persona responsable del campamento le traslada que las familias de estas niñas argumentaban que “ya están con niños de integración en el cole, así que tienen derecho a disfrutar del verano sin tener que estar con niños con estas características”. Es que lo escribo y se me ponen los pelos como escarpias con cada aporreo del teclado. Como escarpias.

Seguramente much@s sabéis cómo acabó todo. La organización del campamento, en un alarde de desvergüenza, le dijo a Inés que tenía que irse a dormir con una monitora y llamó a su familia para comunicarle la situación. Su madre cuenta que una de las frases que escuchó por teléfono aquella noche es esa tan repetida en millones de puntos del planeta Tierra. Le aseguraron que era mejor que se fuese porque “tu hija no va a estar bien atendida aquí”. Y, ¿sabéis qué? En todo este despropósito es la única frase con la que estoy totalmente de acuerdo. Es imposible que una niña como Inés esté bien, rodeada de seres insensibles e injustos.

Recapitulando nuestro caso de una forma muchísimo más breve, que toca ir a la parte final, al meollo de la cuestión. Verano de 2014. Campamentos municipales en A Coruña. Entre la oferta existente uno me llama la atención por su temática, la favorita de mi hija: la música. Cuando leo el folleto informativo me quedo a cuadros al comprobar que, infringiendo en una manifiesta ilegalidad, recoge que no habrá ningún tipo de apoyo para ninguno de los niños y niñas participantes.

Inscribimos a mi hija comunicándonos desde el primer momento con los responsables de los campamentos. Los meses siguientes fueron una sucesión de sinsentidos e injusticias que hoy, verano de 2019, al ver lo sucedido en el caso de Inés, sigo sin poder comprender. En nuestro caso, lo más sangrante es que estábamos hablando de un campamento organizado y financiado por una entidad pública que incurrió en todo momento en una manifiesta discriminación.

Tras llamadas telefónicas e intentos variados en los que siempre se me trasladaban las dificultades para que mi pequeña participase en la actividad (cuando ni siquiera la conocían ni llegaron a evaluar sus necesidades de apoyo en ningún momento), me reuní con la que en aquel momento era la concejala responsable del área. Todo en el encuentro fueron sonrisas, amabilidad y buena disposición. Me marché de allí con la promesa de una solución que no apareció.

Unos días antes del campamento volví a ponerme en contacto con los organizadores y descubrí que la supuesta solución no existía ni se la esperaba. Que una administración pública no había hecho realmente nada para que se respetasen los derechos de mi hija. El responsable de coordinación de los campamentos me dijo, textualmente, que había recibido “instrucciones expresas de que la niña no participase en el campamento”. Todo esto después de haber pagado, por otro lado, y de haber ofrecido nosotros ayuda para adaptar lo que fuese necesario, tanto materiales como explicaciones.

Verano, campamentos, inclusión

Ni tú, Inés, ni mi hija necesitáis de una atención especial. Es la sociedad la que la necesita. Una sociedad que sí está enferma, herida de muerte. Una sociedad con administraciones públicas que discriminan a los niños y niñas en sus actividades (al fin y al cabo, es la sociedad quien vota para decidir quien gobierna esas instituciones), una sociedad en las que las familias admiten que, si es necesario, ya que “está bien visto”, sus hij@s pueden compartir aula con niñ@s diferentes mezclándose lo mínimo posible con ell@s y sin pasarse.

Porque cuando salimos de esas aulas, esas en las que no suele haber suficientes recursos humanos y materiales para que tod@s participen en igualdad de condiciones. Cuando pasamos a otros contextos, el tema cambia. El simulacro de integración se termina y llega el momento de los derechos de verdad, con mayúsculas, los derechos de l@s niñ@s “normales” a estar con “sus iguales” y POR FIN liberarse de la carga de tener que compartir tiempo, espacio y aire con “es@s niñ@s especiales” (leer toda esta parte final con un marcado tono sarcástico-irónico).

No, Inés, tú no tienes necesidades especiales, ni mi hija tampoco, ni la inmensa mayoría de peques divers@s. Las necesidades especiales, vitales, son las de esta sociedad condenada hasta que consiga entender que la igualdad real es la respuesta. Porque si existiese inclusión real nada de esto estaría sucediendo. A ningún niñ@ se le pasaría por la cabeza la posibilidad de apartar a otro por ser diferente y ninguna madre o padre admitirían tal petición.

En una sociedad en la que la inclusión real existiese nuestr@s hij@s estarían en escuelas ExtraOrdinarias preparadas para niñ@s ExtraOrdinari@s.

En una sociedad en la que la inclusión real existese cualquier administración pública se desviviría por respetar y hacer respetar los derechos de TODAS las personas en su diversidad.

En una sociedad en la que la inclusión real existiese, las familias abandonarían de una vez por todas su ceguera (paradójicamente, estas familias discapacitantes son las que limitan, coartan y apartan), abrirían los ojos de verdad por vez primera y reconocerían el valor que todos y todas aportamos en una sociedad diversa.

En una sociedad en la que la inclusión fuese real (y lo será), Inés y mi hija ESTARÁN y PERTENECERÁN en todos los contextos en los que ellas deseen estar. Sin favores ni concesiones benévolas. Sin miradas condescendientes.

Ahora es cuando te digo que esa sociedad ES POSIBLE. Sólo tenemos que construirla entre tod@s. Yo ya me he puesto manos a la obra, ¿y tú?

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  • Nuria Martin

    Acabo de leer por primera vez esge blog…yo como madre…me ha pasado una cosa parecida…la organización que lleva los campamentos del centro cívico de mi barrio en Coruña, me llama el viernes por la tarde,para decirme que no aceptan a mi niño de NEE porque tienen que hacer una actividad que yo desde Mayo indiqué que es necesario para él. ¿Porqué no me dijeron en Mayo que no…y esperan a matricularlo y abonar la tasas y me dices que no?
    No me de devuelven el dinero,me organizo en un finde para un campamento durante el verano…porque el niño,como niño que es,tiene que estar con otros niños…y no excluirle…
    Hoy reclamación en el ayto…y lunes en la empresa privada…para que se organizen mejor..ya el dinero ni cuento con ello

    • No puede ser. ¿Seguimos así? Por registro en el Ayuntamiento. Solicita con la concejala o concejal responsable de actividades en los centros cívicos y reclamación por supuesto a la empresa concesionaria. Como concesionaria tiene unas condiciones que cumplir y una de ellas es la inclusión e igual trato a niños y niñas con necesidades educativas de atención específica. Si quieres qye te eche una mano en lo que sea, dime. Yo, en su día, acudí a los medios de comunicación y presenté reclamación al Valedor do Pobo. A mí me marearon de mala manera y me tuvieron pendiente durante semanas de una solución prometida por la concejala que nunca apareció. Vuestro caso es muy grave también porque esto te lo tendrían que haber comunicado. Entiendo que quizás la actividad es de asistencia sanitaria?? Si es así, entonces sí es cierto que se supone que el Ayuntamiento no lo incluye en las condiciones del concurso, así que eso tendrías que reclamarlo especialmente en el Ayuntamiento. Pero deberían haberte comunicado todo mucho antes,

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