Brindo por las locas

14 / 2 / 2018 |

Hoy he estando grabando unos vídeos. Pensaba contaros algunas cosas sobre experimentos científicos que habíamos hecho en familia cuando algo me ha removido el alma y me he puesto a escribir. Sin pensarlo, tal y como me salía del coño, de las mismísimas entrañas, de esas que me han convertido en una loca. ¡Este brindis va por todas ustedes, señoras!

Las locas

“Brindemos por las locas, por las inadaptadas
por las rebeldes, por las alborotadoras,
por las que no encajan,
por las que ven las cosas de una manera diferente.
No les gustan las reglas y no respetan el status-quo.
Las puedes citar, no estar de acuerdo con ellas,
glorificarlas o vilipendiarlas.
Pero lo que no puedes hacer es ignorarlas.
Porque cambian las cosas.
Empujan adelante la raza humana.
Mientras algunos las vean como locas,
nosotras vemos el genio.
Porque las mujeres que se creen tan locas
como para pensar que pueden cambiar el mundo son las que lo hacen.”
(Jack Kerouac)

Hace bien poco leía en redes sociales, en el perfil de mi amiga Carmen Saavedra, maravillosa persona, blogger, ser humano que jamás debes perder de vista. A ella ni a su blog Cappaces, este poema de Kerouac que casi casi había olvidado. A pesar de que, aunque no sea mi autor favorito, algún poema de este genio ha ilustrado mi vida en más de una ocasión.

Lo he leído y releído y vuelto a leer y he recordado y pensado y comparado y reflexionado sobre esa legión de locas de la que considero que formo parte. Porque me gustaría pensar que, a veces, esas pequeñas locuras diarias pueden cambiar el mundo.

Así que va por vosotras, las que no os quedáis calladas cuando alguien suelta un chiste machista. Porque sí importa.

Por vosotras, las que no pensáis que vuestros hijos van a ser grandes seres humanos porque YA lo son.

Vosotras, las que sabéis que seguir dando el pecho hasta que os llegue el momento no es ninguna rareza, sino lo que el cuerpo os pide a ambos y lo mejor para VUESTRA vida. Y nadie tendría que dar explicaciones de su vida nunca.

Levanto mi copa por vosotras, que os habéis levantado a increpar a esos adolescentes que estaban machacando a otro con sus críticas y sus bromas hirientes sin que nadie hiciese nada.

Pero también va por vosotras, las que os caéis cual losas en la cama una noche tras otra sin saber ni cómo os llamáis.

Va por vosotras, hermanas, a las que tantas veces me he encontrado en las salas de espera de terapias y médicos variados mirando a mis hijos y, muchas veces, pensando o incluso preguntando, ¿cuántos años tiene? ¿por qué no habla? Y, sí, lo sé, comparando, sin quererlo, sin pensarlo siquiera, pero sin poder evitarlo, comparando mientras pensáis algo como ¿por qué? Sin obtener nunca una respuesta válida porque no la hay.

Brindo por todas las que hacéis algo más que cabrearos y darle al me gusta en redes sociales cuando conocéis una injusticia.

Choco mi copa por vosotras, auténticas privilegiadas, que sois capaces de ver lo que de verdad importa. Porque, como bien dicen Carmen, si quieres verme realmente sorprendida y emocionada, nada mejor que contarme los progresos de tu hija o de tu hermano enfermo, que mencionarme la cuenta de las empresas más rentables del mundo.

Miradas locas, Granada

Miradas que cambian el mundo con su locura

Porque la revolución será feminista o no será.

Porque puede que perdamos esta batalla, la siguiente, la de pasado mañana y la de 2019.

Es posible que nos quedemos afónicas de tanto gritar nuestra verdad.

Es casi seguro que se nos rompan todas las uñas de golpear a las puertas que nadie nos quiere abrir, que nuestra piel se reseque y se rompa por las horas de sueño invertidas en la lucha (sí, la lucha también pasa por cambiar pañales, escribir posts a las dos de la madrugada, coser ese botón que ya hemos perdido quince veces o preparar el informe queno has podido dejar listo porque tenías que cambiar el ritmo del mundo educando a tus hijos).

Doy por hecho que no tenemos casi ni una sola prenda de ropa libre de algún resto de moco, vómito, caca, quizás restos de la tinta de la impresora o de la última sustancia química que has probado o simplemente de plastilina pero, al fin y al cabo, no hay combate sin sangre.

Pero si de algo estoy segura, si hay algo cierto en este mundo, es que el amor es lo único que permanece y las luchas de las locas, de las inadaptadas, de las rebeldes, de las alborotadoras están construidas por y para el amor.

“Mami, yo te voy a querer siempre”, me dijo mi hijo una fría tarde de invierno, “cuando ya estés muerta, yo te voy a seguir queriendo”. Y entonces lo supe, supe que valía la pena todo. La lucha, el esfuerzo, la locura, el nadar contracorriente y la incomprensión de los “cuerdos”.

Porque el mundo es mucho mejor porque vosotras estáis en él y ni siquiera lo sabéis.

Alzo mi copa por vosotras y ya no la bajaré hasta el día en que me muera (y puede que ni entonces, si puedo conseguir que me incineren con una en la mano). Pero no temáis, que el relevo ya viene pisando fuerte para continuar la lucha.

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